A SANGRE FRÍA

martes, 4 de septiembre de 2018

RAMIRO ARTIEDA: EL ACTOR ASESINO

La novia de Ramiro lo puso en un brete: si deseaba casarse con ella debía proporcionarle una vida sin apuros económicos. O le aseguraba una vida más que digna o no se subiría al altar con él. Ramiro planeó acabar con la vida de su hermano para heredar la herencia familiar y así cumplir los deseos de su prometida. Tal como tenía pensado, asesinó a su hermano. La policía sospechó de Ramiro desde el primer momento pero por falta de pruebas que pudieran incriminarlo lo tuvieron que dejar en libertad. Su novia tampoco creyó en su inocencia, así que lo abandonó. No quería compartir su vida con alguien tan mezquino.

Ramiro tenía dinero pero se quedó sin novia. Abatido, decidió emprender rumbo a Estados Unidos para convertirse en actor. Al cabo de unos años volvió a Bolivia y usó sus dotes actorales aprendidas para matar.


La primera víctima fue Margarita Ríos. Su cuerpo fue encontrado en un edificio abandonado en Cochabamba. Después correría la misma suerte Luisa Toranza, en Oruro. La tercera fue localizada en un apartamento de La Paz. La siguiente asesinada se llamaba María Pérez, en un salón de un colegio, en noviembre de 1937. Mariana Aramayo pereció en el altar de una iglesia. Julia Cáceres fue asesinada en diciembre de 1938. Así hasta cometer ocho asesinatos sobre mujeres jóvenes. Todas de 18 años de edad. Todas agredidas sexualmente. Todas muy parecidas físicamente. Todas se parecían a su exnovia y tenían su misma edad. Todas engañadas, ya que Ramiro se valió de diversos personajes para engañar a sus víctimas. Se hizo pasar por profesor –por eso asesinó a María Pérez en un colegio-, por sacerdote –por eso asesinó a Mariana Aramayo en el altar de una iglesia-, por vendedor, por productor de cine,…

La policía investigaba pero no conseguían averiguar nada, aunque el 9 de mayo de 1939, el caso dio un giro de 180 grados. La novena víctima del asesino, pudo escapar y denunciarlo. Ramiro fue detenido y confesó todos los asesinatos cometidos sobre las muchachas, incluso el de su hermano. Fue sentenciado a la pena de muerte y fusilado en la cárcel de Cochabamba el 3 de julio de 1939.


lunes, 27 de agosto de 2018

SIDNEY REILLY: EL AS DE PICAS


La biografía, la identidad, el origen y las hazañas de este espía nacionalizado británico es a día de hoy aún, un completo misterio. Él mismo se encargó de que así fuera, contando en muchas ocasiones, diversas versiones acerca de su vida para confundir a sus perseguidores. Informes de los servicios soviéticos de 1925, apuntan que su nombre al nacer fue Zigmund Markovich Rozenblum, oriundo de Odessa y nacido el 24 de marzo de 1874. Su padre era médico, mientras que su madre provenía de una familia noble empobrecida. Otras fuentes apuntan que era de origen judío y nacido en Kherson, en el Imperio Ruso, el 24 de marzo de 1873; otras fuentes afirman que era polaco de nacimiento.

Parece ser que desde bien joven comenzó sus labores como espía, ya que según informes de la policía política zarista (Okhrana), Rosenblum fue arrestado en 1892 por participar en actividades políticas al ser miembro de una organización revolucionaria llamada Amigos de la ilustración, aunque según estas mismas fuentes indicarían que era un informante de la policía ya que está documentado que tenía amigos en la Okhrana y nunca fue condenado judicialmente. Por involucrarse en asuntos políticos, dejó Rusia.

Rosenblum llegó a Londres en diciembre de 1895, proveniente de un suburbio parisino, donde había regentado un negocio que se dedicaba a la venta de medicamentos pero al parecer no duró mucho. Su llegada a Gran Bretaña se produjo casi por accidente, después de asesinar junto a un compinche polaco a dos anarquistas italianos que atesoraban una gran cantidad de dinero, originario de los fondos de una organización revolucionaria que representaban, según informaba un periódico francés de la época. Para apoderarse del dinero Rosenblum y su compañero de fechorías acabaron con sus vidas.
Sidney Reilly

A Rosenblum le gustaba la vida de los casinos, de los buenos trajes, la elegancia y la buena vida, quizás por ello sedujo a Mararet C. Thomas y en 1898 se casó con ella y que era la viuda rica de un reverendo de la iglesia anglicana. Reilly pudo estar involucrado en su muerte, ya que ansiaba su fortuna que pronto dilapidó. Debido a su precaria situación económica, se valió de su dominio de varios idiomas para ingresar en el servicio secreto británico.

En 1899 y ya como Sidney Reilly, viajó a Rusia con su mujer por un tiempo para instalarse posteriormente en Port Arthur, en Manchuria, territorio controlado por los rusos, donde poco después tuvo lugar la guerra ruso-japonesa de 1904. Mientras su mujer se quedaba en San Petersburgo, él viajó a Manchuria donde fue contratado como agente secreto para los japoneses. Allí permaneció cuatro años haciendo negocios y robando planos estratégicos de los rusos para darlos a los nipones. A partir de este momento, Reilly se convirtió en alguien muy deseado  por los servicios de inteligencia de las grandes potencias de la época, debido a su astucia, el dominio de varios idiomas y su osadía. Se le atribuyen muchas misiones, de las cuales la mayoría se duda de su veracidad como la de pasarse por sacerdote para convencer a un empresario que había adquirido derechos petroleros en Oriente Medio de que su concesión debía permanecer en manos británicas en lugar de las francesas, o de disfrazarse de operario para robar un generador eléctrico alemán de última generación, así como los planos de unas fábricas de armas de Essen.

Sea como fuere, Reilly ya era conocido como un gran agente secreto pero en 1918, tras la revolución bolchevique, fue enviado a Rusia para robar información pero el “super agente secreto” quería ir más allá, y dado que era un aférrimo anticomunista se propuso aniquilar al gobierno ruso y por ende a Lenin. Pero la operación tuvo un contratiempo importante y es que una anarquista, Fanni Kaplan atentó contra el líder de los bolcheviques, lo que desencadenó el Terror Rojo, un ataque despiadado del gobierno de Lenin contra los enemigos del régimen o sospechoso de serlo, por lo que Reilly tuvo que huir hacia Finlandia pero poco después fue detenido por una organización anticomunista falsa creada para capturar espías. El 5 de enero de 1925, y con Stalin en el poder, ordenó su ejecución.

Si bien la vida de Sidney Reilly fue apasionante, llena de misiones de un riesgo extremo y digna de un buen guión cinematográfico –de hecho Ian Fleming se inspiró en su biografía para crear a James Bond- no le quita ningún mérito el hecho de que él mismo adornara su propia historia a sus biógrafos, ya que muchos de estos pasajes no han podido ser comprobados, aún así es considerado como el mejor espía del siglo XX.



jueves, 23 de agosto de 2018

ANDRÁS PANDY: EL SACERDOTE DE LA MUERTE


Nacido el 1 de junio de 1927, en Chop, Hungría. Huyó en 1956 de la dictadura comunista de su país, junto a su esposa, a Bélgica. Aprovechando que en Hungría era pastor y profesor de una comunidad religiosa protestante, desarrolló dicha carrera en Bruselas. Allí nacieron sus hijos Agnes, Daniel y Zoltán. Poco después de nacer su tercer hijo se separó de su mujer alegando que le fue infiel, quedándose con la custodia de Agnes. Cuando ella cumplió 11 años, mantuvo una relación incestuosa con su padre.

A principios de 1970, Pandy comenzó a contactar con otras mujeres de su país natal a través de periódicos húngaros, dando nombres falsos y con el lema “Luna de miel europea”. A finales de los años setenta, visitó con frecuencia Hungría y allí conoció a la que sería su segunda esposa, Edit Fintor. La mujer tenía tres hijas: Tunde, de 8 años de edad, Timea, de 15 y Andrea, de 7. Edit se llevó a sus hijas a Bruselas y en 1979 contrajo matrimonio con András. Más tarde, tuvieron dos hijos en común, András Junior y Reka.

Pandy comenzó a abusar sexualmente de Timea en 1984, cuando ella contaba con 20 años. Inútiles fueron las denuncias por estos hechos a su familia. Por ello, la enviaron a vivir con Agnes quien debido a un ataque de celos la golpeó con una barra de hierro hasta dejarla inconsciente. Poco tiempo después, Timea dio a luz. En 1986, ella y su hijo se marcharon a casa de unos parientes en Vancouver, Canadá, para después instalarse en Hungría. Antes de la huida, confesó a su madre que el hijo que había tenido era de Pandy, lo que provocó una pelea entre Edit y András. Poco después, Edit y su hija Andrea, de 14 años, desaparecieron. Pandy le contó a la policía que su mujer le había abandonado por otro hombre y que se había marchado junto a su hijo a Alemania.

En 1988, la exposa de Pandy, Ilona y sus dos hijos desaparecieron misteriosamente. Dos años más tarde, Tunde, de 18 años, también desapareció. En 1992 Agnes denunció a su padre por abuso sexual. La policía comenzó a sospechar de András, con tantas desapariciones en una misma familia con abusos sexuales de por medio, por lo que también avisaron a las autoridades húngaras. Entre tanto, Pandy viajaba a menudo a Hungría, donde poseía una casa de verano cerca del Danubio, y por aquella zona era conocido por sus flirteos continuos con mujeres del lugar. Las policías belga y húngara comenzaron a trabajar juntas en el caso y consiguieron el testigo de dos mujeres a las que Andreas convenció para casarse con ellas. Se trasladaron a Bruselas pero lo único que consiguieron era hacer de sirvientas para él, por lo que regresaron a Hungría, rechazando propuestas de matrimonio.
Andras Pandy

Pandy fue detenido el 16 de octubre de 1997, casualmente el mismo día de la gran “marcha blanca”, una manifestación por las víctimas del asesino en serie belga Marc Dutroux, un pedófilo y asesino belga. En noviembre de 1997, Agnes fue detenida por la policía, confesando haber participado en el asesinato de sus familiares desaparecidos, junto a su padre. Admitió asesinar a su madre Ilona, y participar en los de Daniel, Zoltan, Edit y Andrea pero negó cualquier implicación en la muerte de Tunde. Los crímenes fueron cometidos con arma de fuego y traumatismo craneal por un mazo. Después los cuerpos fueron desmembrados y parcialmente disueltos en ácido, para acabar desechados en un matadero.

Pandy era dueño de varias casas en la zona de Sint-Jans-Molenbeek, en el centro de Bruselas. En una de ellas, poco después de su arresto, fueron encontrados los restos óseos de siete mujeres y un hombre de origen desconocido en el sótano. Los análisis de ADN determinaron que los fallecidos no eran parientes de Pandy y no se aclaró qué relación podían tener con él, aunque se sospechó que los restos podrían ser de mujeres húngaras con las que habría contactado. En la casa también se encontraron varias armas de fuego.
Agnes Pandy

El 26 de noviembre el periódico húngaro ‘Népszava’ relacionó a Pandy y Agnes con la desaparición de un número desconocido de niños rumanos huérfanos, refugiados de la revolución de 1989, que derrocó al dictador Ceausescu. Al parecer, los niños habrían sido reclutados por la organización benéfica YDNAP (Pandy deletreado al revés). Agnes, también fue involucrada con la desaparición de una niña de 12 años, hija de una mujer que estuvo relacionada sentimentalmente con Pandy.

En el juicio, Pandy negó los cargos, pero fue declarado cupable y el 6 de marzo de 2002, fue sentenciado a cadena perpetua sin libertad condicional por el asesinato de seis miembros de su familia, intento de asesinato y violación de tres hijas. Por su parte, Agnes fue condenada a 21 años de prisión por cómplice en cinco asesinatos y un intento de asesinato.

Andras Pandy murió el 23 de diciembre de 2013 por causas naturales en la enfermería de una prisión de Brujas.



martes, 14 de agosto de 2018

ESCUADRÓN 731


Es de sobra conocido el holocausto nazi desarrollado antes y durante la Segunda Guerra Mundial, en cambio no lo es tanto el que cometió el Imperio japonés, coincidiendo en el tiempo con su aliada Alemania de la época. Éste era el Escuadrón 731, un programa desarrollado para experimentar sobre seres humanos con armas químicas y biológicas. Los muertos por estos experimentos se calculan entre 200.000 y 440.000 y un número indeterminado de heridos.

Entre 1935 y 1945, Japón en su ocupación de la región china de Manchukuo, creó su laboratorio particular en la ciudad de Harbin. Surgió al igual que los nazis, en su particular creencia de supremacía racial y además para combatir el comunismo. Sus víctimas fueron tanto militares como civiles, sobretodo de origen chino, mongol y en menor medida europeos y estadounidenses.
Complejo secreto de la Unidad 731

El impulsor de tan aterrador proyecto fue el teniente general del ejército japonés Shiro Ishii, que era también microbiólogo quien además creó las instalaciones camufladas en un grandioso complejo de 6 km2, que se disimulaban como departamentos científicos y depuradoras de aguas. Para deshumanizar a las personas con las que experimentaban las denominaban “maruta” (troncos). Una de estas atrocidades consistía en encerrar a civiles en fosas comunes infectadas de cólera, parásitos, peste bubónica, tuberculosis, fiebre tifoidea y otros elementos infecciosos para observar cómo evolucionaban en el cuerpo humano. Además liberaban pulgas infectadas y entregaban a la población alimentos que contenían bacterias de cólera, con el mismo fin. Una vez eran infectados, analizaban sus reacciones para acabar abriéndoles el cuerpo vivos, sin anestesia y extraerles algunos órganos, con la finalidad de desarrollar armas biológicas y químicas de destrucción masiva.
Teniente General Shiro Ishii
En otras experimentaciones, las víctimas eran sometidas a temperaturas muy bajas para buscar la mejor forma de congelamiento. En otras, las personas eran introducidas en cámaras para probar diferentes gases venenosos o eran disecadas en vida.

Por si esto fuera poco, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial y al ser derrotado Japón y pasar a ser aliado de Estados Unidos, estos lejos de dar a conocer tal holocausto no juzgó los hechos ya que les interesó más dar inmunidad a sus ideólogos  y perpetradores a cambio de obtener de estos información acerca de los resultados obtenidos en dichas horribles experimentaciones. Por el contrario, los soviéticos llevaron a juicio a una docena de militares japoneses del escuadrón 731, acusados de crímenes de guerra. Seis de ellos fueron condenados a prisión, con sentencias de entre 2 y 25 años. Curiosamente, los Estados Unidos calificaron estos juicios como “propaganda comunista”.