A SANGRE FRÍA

viernes, 11 de enero de 2019

ALLAN LEGERE: EL MONSTRUO DE MIRAMICHI


La noche del 21 de junio de 1986, los jóvenes Todd Matchett, Scott Curtis y Allan Legere, de 38 años de edad, cortaron el suministro eléctrico de una zona de la ciudad de Miramichi, provincia de New Brunswick (Canadá) para asaltar la tienda de John Glendenning y su esposa y robar la caja fuerte. La pareja de ancianos fueron fuertemente golpeados, y la mujer agredida sexualmente por el trío de criminales. Mary Glendenning se arrastró como pudo hasta alcanzar el teléfono mientras su esposo yacía muerto en el suelo. Pudo marcar el número de emergencias mientras el lugar ardía por un fuego provocado por los criminales. La policía llegó a tiempo para dar alcance a los asaltantes que fueron detenidos. En el juicio, Todd Matchett confesó haber matado a John Glendenning y golpear brutalmente a Mary, aunque alegó que Legere era el cabecilla de la banda. Los tres fueron condenados por asesinato y agresión sexual.

El 3 de mayo de 1989, Allan Legere Fue trasladado a un hospital de Moncton para tratar una infección de oído. Después de ser atendido por los servicios médicos se le dio permiso para entrar solo al cuarto de baño. Con una ganzúa fabricada por él mismo y que escondía en un cigarro pudo liberarse de las esposas. Cuando salió blandió un elemento cortante hecho también por él mismo, que escondía en su cuerpo y escapó del hospital.



Estuvo fugado durante seis meses. Entre mayo y noviembre de 1989 sembró el pánico en Chatham, Miramichi y Newcastle. Durante este tiempo asesinó y agredió sexualmente a tres mujeres: Annie Flam, de 75 años y las hermanas Donna y Linda Lou Daughney, de 45 y 41 años, respectivamente, asaltadas en su propia casa que después prendió fuego. Asimismo asesinó a un reverendo, James Smith, de 69 años de edad para robar la caja fuerte de la rectoría en la Iglesia de la Santísima Virgen María de Chatham (New Brunswick) y después huir en el coche del religioso. La ola de crímenes, agresiones, asaltos e incendios que dejó tras de sí provocó que personas que vivían solas se trasladaran a vivir con sus allegados; cuando oscurecía las calles estaban vacías de gente, incluso las ventas de armas se dispararon; hasta el tradicional “truco-trato” y los festivales de Halloween de Miramichi se cancelaron.

Legere tenía a todos los cuerpos policiales movilizados en su búsqueda y a toda la población de la zona en alerta. Así, el 23 de noviembre de 1989 en Saint John, secuestró un taxi a punta de pistola y obligó al conductor Ron Gomke a que lo llevara a Moncton. Las carreteras estaban heladas y nevaba copiosamente. Por ello, el taxista en un momento dado perdió el control del vehículo y se estrelló contra un banco de nieve. Un vehículo conducido por la agente de policía Michelle Mercer, que se encontraba fuera de servicio se detuvo. Ahora Legere tenía a dos rehenes y obligó a subir a la agente de policía y al taxista en el vehículo de esta. Posteriormente se detuvieron en una gasolinera para repostar. Gomke y Mercer pudieron escapar en su vehículo. Rápidamente dieron aviso a las autoridades policiales que cercaron todas las carreteras de la zona. A la mañana siguiente, Legere que había secuestrado a un hombre con su camión fue detenido en un control policial, sin oponer resistencia.

En 1991 se celebraron los juicios contra Legere, que fue declarado culpable de cuatro asesinatos, entre otros delitos y condenado a cadena perpetua. El ADN conectó al acusado con las tres escenas del crimen, siendo la primera vez que se usó la prueba del ADN para incriminar a un acusado en Canadá.



domingo, 14 de octubre de 2018

EL CANÍBAL DE SAN ISIDRO


En 1972 entre tres y cinco mujeres aparecieron violadas, estranguladas y con partes del cuerpo extirpadas a mordiscos. Todas eran rubias, de ojos claros, altas y esbeltas. Sus cuerpos fueron encontrados en descampados de la ciudad bonaerense de San Isidro.


El asesino las sorprendía en paradas de bus, solitarias y por la noche, a traición por la espalda, les tapaba la boca, las golpeaba hasta dejarlas inconscientes. Después las violaba. La firma del asesino era arrancarles pedazos de carne a mordiscos como colofón a tan sádicos y horribles asesinatos. Para el forense que participó  en las autopsias y en la investigación, Dr. Osvaldo Raffo el asesino mataba por placer; se sentía excitado cuando mataba sin piedad. El depredador destrozaba los cuellos de sus víctimas a bocados. Los investigadores diseñaron una dentadura sobre las mordidas que dejaba en los cuerpos. Además, se hizo un retrato robot, sobre la descripción física que proporcionaron algunas víctimas que pudieron escapar de sus garras.

El crimen de este asesino en serie sobre el que más tinta gastaron los periódicos de la época ocurrió el 23 de noviembre de 1972. Una chica de 23 años fue encontrada en el jardín del chalé de un vecino de la muchacha, entre flores y árboles. La autopsia reveló que falleció estrangulada y agredida sexualmente. Le faltaba un trozo de lengua, el labio inferior, parte de una mejilla, piel de una mano, del cuello y un trozo de nariz. Su desaparición fue denunciada la noche anterior.

Fue un caso muy mediático en la época. El asesino dejó de actuar de repente y la policía no siguió con la investigación, seguramente al ver que las pistas no les llevaba a ninguna parte.


Fuentes:
http://m.perfil.com/noticias/sociedad/el-canibal-al-que-se-lo-comio-la-tierra-20070509-0033.phtml



martes, 4 de septiembre de 2018

RAMIRO ARTIEDA: EL ACTOR ASESINO

La novia de Ramiro lo puso en un brete: si deseaba casarse con ella debía proporcionarle una vida sin apuros económicos. O le aseguraba una vida más que digna o no se subiría al altar con él. Ramiro planeó acabar con la vida de su hermano para heredar la herencia familiar y así cumplir los deseos de su prometida. Tal como tenía pensado, asesinó a su hermano. La policía sospechó de Ramiro desde el primer momento pero por falta de pruebas que pudieran incriminarlo lo tuvieron que dejar en libertad. Su novia tampoco creyó en su inocencia, así que lo abandonó. No quería compartir su vida con alguien tan mezquino.

Ramiro tenía dinero pero se quedó sin novia. Abatido, decidió emprender rumbo a Estados Unidos para convertirse en actor. Al cabo de unos años volvió a Bolivia y usó sus dotes actorales aprendidas para matar.


La primera víctima fue Margarita Ríos. Su cuerpo fue encontrado en un edificio abandonado en Cochabamba. Después correría la misma suerte Luisa Toranza, en Oruro. La tercera fue localizada en un apartamento de La Paz. La siguiente asesinada se llamaba María Pérez, en un salón de un colegio, en noviembre de 1937. Mariana Aramayo pereció en el altar de una iglesia. Julia Cáceres fue asesinada en diciembre de 1938. Así hasta cometer ocho asesinatos sobre mujeres jóvenes. Todas de 18 años de edad. Todas agredidas sexualmente. Todas muy parecidas físicamente. Todas se parecían a su exnovia y tenían su misma edad. Todas engañadas, ya que Ramiro se valió de diversos personajes para engañar a sus víctimas. Se hizo pasar por profesor –por eso asesinó a María Pérez en un colegio-, por sacerdote –por eso asesinó a Mariana Aramayo en el altar de una iglesia-, por vendedor, por productor de cine,…

La policía investigaba pero no conseguían averiguar nada, aunque el 9 de mayo de 1939, el caso dio un giro de 180 grados. La novena víctima del asesino, pudo escapar y denunciarlo. Ramiro fue detenido y confesó todos los asesinatos cometidos sobre las muchachas, incluso el de su hermano. Fue sentenciado a la pena de muerte y fusilado en la cárcel de Cochabamba el 3 de julio de 1939.


lunes, 27 de agosto de 2018

SIDNEY REILLY: EL AS DE PICAS


La biografía, la identidad, el origen y las hazañas de este espía nacionalizado británico es a día de hoy aún, un completo misterio. Él mismo se encargó de que así fuera, contando en muchas ocasiones, diversas versiones acerca de su vida para confundir a sus perseguidores. Informes de los servicios soviéticos de 1925, apuntan que su nombre al nacer fue Zigmund Markovich Rozenblum, oriundo de Odessa y nacido el 24 de marzo de 1874. Su padre era médico, mientras que su madre provenía de una familia noble empobrecida. Otras fuentes apuntan que era de origen judío y nacido en Kherson, en el Imperio Ruso, el 24 de marzo de 1873; otras fuentes afirman que era polaco de nacimiento.

Parece ser que desde bien joven comenzó sus labores como espía, ya que según informes de la policía política zarista (Okhrana), Rosenblum fue arrestado en 1892 por participar en actividades políticas al ser miembro de una organización revolucionaria llamada Amigos de la ilustración, aunque según estas mismas fuentes indicarían que era un informante de la policía ya que está documentado que tenía amigos en la Okhrana y nunca fue condenado judicialmente. Por involucrarse en asuntos políticos, dejó Rusia.

Rosenblum llegó a Londres en diciembre de 1895, proveniente de un suburbio parisino, donde había regentado un negocio que se dedicaba a la venta de medicamentos pero al parecer no duró mucho. Su llegada a Gran Bretaña se produjo casi por accidente, después de asesinar junto a un compinche polaco a dos anarquistas italianos que atesoraban una gran cantidad de dinero, originario de los fondos de una organización revolucionaria que representaban, según informaba un periódico francés de la época. Para apoderarse del dinero Rosenblum y su compañero de fechorías acabaron con sus vidas.
Sidney Reilly

A Rosenblum le gustaba la vida de los casinos, de los buenos trajes, la elegancia y la buena vida, quizás por ello sedujo a Mararet C. Thomas y en 1898 se casó con ella y que era la viuda rica de un reverendo de la iglesia anglicana. Reilly pudo estar involucrado en su muerte, ya que ansiaba su fortuna que pronto dilapidó. Debido a su precaria situación económica, se valió de su dominio de varios idiomas para ingresar en el servicio secreto británico.

En 1899 y ya como Sidney Reilly, viajó a Rusia con su mujer por un tiempo para instalarse posteriormente en Port Arthur, en Manchuria, territorio controlado por los rusos, donde poco después tuvo lugar la guerra ruso-japonesa de 1904. Mientras su mujer se quedaba en San Petersburgo, él viajó a Manchuria donde fue contratado como agente secreto para los japoneses. Allí permaneció cuatro años haciendo negocios y robando planos estratégicos de los rusos para darlos a los nipones. A partir de este momento, Reilly se convirtió en alguien muy deseado  por los servicios de inteligencia de las grandes potencias de la época, debido a su astucia, el dominio de varios idiomas y su osadía. Se le atribuyen muchas misiones, de las cuales la mayoría se duda de su veracidad como la de pasarse por sacerdote para convencer a un empresario que había adquirido derechos petroleros en Oriente Medio de que su concesión debía permanecer en manos británicas en lugar de las francesas, o de disfrazarse de operario para robar un generador eléctrico alemán de última generación, así como los planos de unas fábricas de armas de Essen.

Sea como fuere, Reilly ya era conocido como un gran agente secreto pero en 1918, tras la revolución bolchevique, fue enviado a Rusia para robar información pero el “super agente secreto” quería ir más allá, y dado que era un aférrimo anticomunista se propuso aniquilar al gobierno ruso y por ende a Lenin. Pero la operación tuvo un contratiempo importante y es que una anarquista, Fanni Kaplan atentó contra el líder de los bolcheviques, lo que desencadenó el Terror Rojo, un ataque despiadado del gobierno de Lenin contra los enemigos del régimen o sospechoso de serlo, por lo que Reilly tuvo que huir hacia Finlandia pero poco después fue detenido por una organización anticomunista falsa creada para capturar espías. El 5 de enero de 1925, y con Stalin en el poder, ordenó su ejecución.

Si bien la vida de Sidney Reilly fue apasionante, llena de misiones de un riesgo extremo y digna de un buen guión cinematográfico –de hecho Ian Fleming se inspiró en su biografía para crear a James Bond- no le quita ningún mérito el hecho de que él mismo adornara su propia historia a sus biógrafos, ya que muchos de estos pasajes no han podido ser comprobados, aún así es considerado como el mejor espía del siglo XX.