A SANGRE FRÍA

lunes, 21 de enero de 2019

ABRAAO JOSÉ BUENO: EL ÁNGEL DE LA MUERTE DE RÍO


El joven enfermero de 28 años, no hacía honor a su apellido. Detenido el 11 de noviembre de 2005, se le acusó de asesinar a cuatro niños y el intento de asesinato de otros cuatro, enfermos de leucemia, SIDA y otras dolencias. Su modus operandi era provocar una parada respiratoria sobre niños bajo su cuidado en el lnstituto de Puericultura y Pediatría Martagao Gesteira, en Río de Janeiro.

Abraao inyectaba a los niños un cocktail de medicamentos compuesto por sedantes, barbitúricos y bloqueadores musculares para provocarles una parada respiratoria. Después pedía ayuda médica. Se proponía llamar la atención y ganar prestigio médico.

Los crímenes fueron investigados después de que unos 15 menores sufrieran paradas respiratorias en un periodo corto de tiempo, empeorando su ya delicada salud. Para ello una doctora lo estuvo vigilando hasta que fue descubierto. El día de su detención se le encontró en una bolsa de su propiedad los medicamentos que suministraba a los menores.

En el juicio, la defensa de Bueno argumentó frívolamente que el enfermero mató a personas que debido a sus enfermedades ya estaban condenadas a morir. Finalmente, el 15 de mayo de 2008, un tribunal federal brasileño lo condenó a 110 años de prisión.

viernes, 11 de enero de 2019

ALLAN LEGERE: EL MONSTRUO DE MIRAMICHI


La noche del 21 de junio de 1986, los jóvenes Todd Matchett, Scott Curtis y Allan Legere, de 38 años de edad, cortaron el suministro eléctrico de una zona de la ciudad de Miramichi, provincia de New Brunswick (Canadá) para asaltar la tienda de John Glendenning y su esposa y robar la caja fuerte. La pareja de ancianos fueron fuertemente golpeados, y la mujer agredida sexualmente por el trío de criminales. Mary Glendenning se arrastró como pudo hasta alcanzar el teléfono mientras su esposo yacía muerto en el suelo. Pudo marcar el número de emergencias mientras el lugar ardía por un fuego provocado por los criminales. La policía llegó a tiempo para dar alcance a los asaltantes que fueron detenidos. En el juicio, Todd Matchett confesó haber matado a John Glendenning y golpear brutalmente a Mary, aunque alegó que Legere era el cabecilla de la banda. Los tres fueron condenados por asesinato y agresión sexual.

El 3 de mayo de 1989, Allan Legere Fue trasladado a un hospital de Moncton para tratar una infección de oído. Después de ser atendido por los servicios médicos se le dio permiso para entrar solo al cuarto de baño. Con una ganzúa fabricada por él mismo y que escondía en un cigarro pudo liberarse de las esposas. Cuando salió blandió un elemento cortante hecho también por él mismo, que escondía en su cuerpo y escapó del hospital.



Estuvo fugado durante seis meses. Entre mayo y noviembre de 1989 sembró el pánico en Chatham, Miramichi y Newcastle. Durante este tiempo asesinó y agredió sexualmente a tres mujeres: Annie Flam, de 75 años y las hermanas Donna y Linda Lou Daughney, de 45 y 41 años, respectivamente, asaltadas en su propia casa que después prendió fuego. Asimismo asesinó a un reverendo, James Smith, de 69 años de edad para robar la caja fuerte de la rectoría en la Iglesia de la Santísima Virgen María de Chatham (New Brunswick) y después huir en el coche del religioso. La ola de crímenes, agresiones, asaltos e incendios que dejó tras de sí provocó que personas que vivían solas se trasladaran a vivir con sus allegados; cuando oscurecía las calles estaban vacías de gente, incluso las ventas de armas se dispararon; hasta el tradicional “truco-trato” y los festivales de Halloween de Miramichi se cancelaron.

Legere tenía a todos los cuerpos policiales movilizados en su búsqueda y a toda la población de la zona en alerta. Así, el 23 de noviembre de 1989 en Saint John, secuestró un taxi a punta de pistola y obligó al conductor Ron Gomke a que lo llevara a Moncton. Las carreteras estaban heladas y nevaba copiosamente. Por ello, el taxista en un momento dado perdió el control del vehículo y se estrelló contra un banco de nieve. Un vehículo conducido por la agente de policía Michelle Mercer, que se encontraba fuera de servicio se detuvo. Ahora Legere tenía a dos rehenes y obligó a subir a la agente de policía y al taxista en el vehículo de esta. Posteriormente se detuvieron en una gasolinera para repostar. Gomke y Mercer pudieron escapar en su vehículo. Rápidamente dieron aviso a las autoridades policiales que cercaron todas las carreteras de la zona. A la mañana siguiente, Legere que había secuestrado a un hombre con su camión fue detenido en un control policial, sin oponer resistencia.

En 1991 se celebraron los juicios contra Legere, que fue declarado culpable de cuatro asesinatos, entre otros delitos y condenado a cadena perpetua. El ADN conectó al acusado con las tres escenas del crimen, siendo la primera vez que se usó la prueba del ADN para incriminar a un acusado en Canadá.



domingo, 14 de octubre de 2018

EL CANÍBAL DE SAN ISIDRO


En 1972 entre tres y cinco mujeres aparecieron violadas, estranguladas y con partes del cuerpo extirpadas a mordiscos. Todas eran rubias, de ojos claros, altas y esbeltas. Sus cuerpos fueron encontrados en descampados de la ciudad bonaerense de San Isidro.


El asesino las sorprendía en paradas de bus, solitarias y por la noche, a traición por la espalda, les tapaba la boca, las golpeaba hasta dejarlas inconscientes. Después las violaba. La firma del asesino era arrancarles pedazos de carne a mordiscos como colofón a tan sádicos y horribles asesinatos. Para el forense que participó  en las autopsias y en la investigación, Dr. Osvaldo Raffo el asesino mataba por placer; se sentía excitado cuando mataba sin piedad. El depredador destrozaba los cuellos de sus víctimas a bocados. Los investigadores diseñaron una dentadura sobre las mordidas que dejaba en los cuerpos. Además, se hizo un retrato robot, sobre la descripción física que proporcionaron algunas víctimas que pudieron escapar de sus garras.

El crimen de este asesino en serie sobre el que más tinta gastaron los periódicos de la época ocurrió el 23 de noviembre de 1972. Una chica de 23 años fue encontrada en el jardín del chalé de un vecino de la muchacha, entre flores y árboles. La autopsia reveló que falleció estrangulada y agredida sexualmente. Le faltaba un trozo de lengua, el labio inferior, parte de una mejilla, piel de una mano, del cuello y un trozo de nariz. Su desaparición fue denunciada la noche anterior.

Fue un caso muy mediático en la época. El asesino dejó de actuar de repente y la policía no siguió con la investigación, seguramente al ver que las pistas no les llevaba a ninguna parte.


Fuentes:
http://m.perfil.com/noticias/sociedad/el-canibal-al-que-se-lo-comio-la-tierra-20070509-0033.phtml



martes, 4 de septiembre de 2018

RAMIRO ARTIEDA: EL ACTOR ASESINO

La novia de Ramiro lo puso en un brete: si deseaba casarse con ella debía proporcionarle una vida sin apuros económicos. O le aseguraba una vida más que digna o no se subiría al altar con él. Ramiro planeó acabar con la vida de su hermano para heredar la herencia familiar y así cumplir los deseos de su prometida. Tal como tenía pensado, asesinó a su hermano. La policía sospechó de Ramiro desde el primer momento pero por falta de pruebas que pudieran incriminarlo lo tuvieron que dejar en libertad. Su novia tampoco creyó en su inocencia, así que lo abandonó. No quería compartir su vida con alguien tan mezquino.

Ramiro tenía dinero pero se quedó sin novia. Abatido, decidió emprender rumbo a Estados Unidos para convertirse en actor. Al cabo de unos años volvió a Bolivia y usó sus dotes actorales aprendidas para matar.


La primera víctima fue Margarita Ríos. Su cuerpo fue encontrado en un edificio abandonado en Cochabamba. Después correría la misma suerte Luisa Toranza, en Oruro. La tercera fue localizada en un apartamento de La Paz. La siguiente asesinada se llamaba María Pérez, en un salón de un colegio, en noviembre de 1937. Mariana Aramayo pereció en el altar de una iglesia. Julia Cáceres fue asesinada en diciembre de 1938. Así hasta cometer ocho asesinatos sobre mujeres jóvenes. Todas de 18 años de edad. Todas agredidas sexualmente. Todas muy parecidas físicamente. Todas se parecían a su exnovia y tenían su misma edad. Todas engañadas, ya que Ramiro se valió de diversos personajes para engañar a sus víctimas. Se hizo pasar por profesor –por eso asesinó a María Pérez en un colegio-, por sacerdote –por eso asesinó a Mariana Aramayo en el altar de una iglesia-, por vendedor, por productor de cine,…

La policía investigaba pero no conseguían averiguar nada, aunque el 9 de mayo de 1939, el caso dio un giro de 180 grados. La novena víctima del asesino, pudo escapar y denunciarlo. Ramiro fue detenido y confesó todos los asesinatos cometidos sobre las muchachas, incluso el de su hermano. Fue sentenciado a la pena de muerte y fusilado en la cárcel de Cochabamba el 3 de julio de 1939.