A SANGRE FRÍA: 2018

viernes, 27 de abril de 2018

JOSEPH JAMES DEANGELO: EL PRESUNTO ASESINO DEL ESTADO DORADO

Más de cuatro décadas después de cometer presuntamente 12 asesinatos, 45 violaciones y más de 120 robos en residencias, la policía del condado de Sacramento detuvo el martes 24 de abril a Joseph James DeAngelo, de 72 años de edad, acusado de todos los delitos mencionados, cometidos entre 1976 y 1986.
En estos más de cuarenta años, el presunto asesino, ladrón y violador ha sido bautizado con numerosos alias como “original night stalker” (primer acosador nocturno), “the East Area rapist” (el violador de la Zona Este) y “the Golden State killer (el asesino del Estado Dorado), cometiendo sus actos criminales por diferentes poblaciones y condados de California. Comenzó en el área de Sacramento para más tarde trasladarse al sur del estado, concretamente en los condados de Oakland, Santa Bárbara y Orange.

Muchos de los asesinatos fueron cometidos tras asaltar las viviendas de sus víctimas. Algunas fueron muertas a golpes, otras tiroteadas, o también de las dos formas. Muchas mujeres fueron violadas, después las maniataba, bocabajo en las camas, incluso a veces les colocaba una taza en la espalda a modo de aviso, por si sobrevivían e intentaban liberarse mientras él se encontraba en otra habitación de la casa.

El caso no quedó en el olvido, a pesar de que el último crimen ocurrió en 1986, fue clave la obtención de ADN del acusado al desechar un objeto, quien desde hacía un tiempo estaba siendo vigilado por la policía al convertirse en el principal sospechoso.

Según información de la policía de Sacramento, el presunto criminal había sido policía entre 1973 y 1979 y despedido del cuerpo tras cometer varios hurtos. Es muy probable que cometiera algunos de los crímenes que se le imputan mientras era oficial en Auburn.



Fuentes:
http://www.hoylosangeles.com/latimesespanol/la-es-despues-de-decadas-de-busqueda-arrestan-al-sospechoso-de-ser-el-asesino-en-serie-mas-letal-de-califo-20180425-story.html
https://www.nbcnews.com/news/us-news/golden-state-killer-case-ex-cop-arrested-serial-murder-rape-n868936

martes, 17 de abril de 2018

FLORENCIO ROQUE FERNÁNDEZ: EL VAMPIRO DE MONTEROS


Si hay algún asesino que haya sido lo más parecido y cercano posible a un vampiro, ese ha sido Florencio Fernández. Un asesino serial argentino que por su ‘modus operandi’ bien podría haber pasado como un Drácula cien por cien real. De hecho, él se creía ser realmente un ‘chupasangre’. Era un enfermo mental, un esquizofrénico que además poseía una parafilia hacia la sangre; para acabar de adornarlo sufría también de fotofobia. Si todo ello no es ser un Drácula, que resucite Bram Stoker y lo vea.

Nació en el seno de una familia muy pobre, en 1935. Desde muy joven y debido a su enfermedad mental ya diagnosticada, Florencio vivía en las calles de su ciudad natal, Monteros, provincia de Tucumán, en Argentina, debido al abandono de su familia. Vivía en una cueva, a las afueras de la ciudad.

Los crímenes se iniciaron en 1953, cuando Florencio contaba 18 años. Comenzó a vigilar a una mujer. Cuando se aseguró de que estaba sóla en casa, una noche se adentró por la ventana y con un garrote la golpeó. Luego de dejarla inconsciente, la mordió en el cuello tan fuerte que le arrancó un trozo de carne y succiono la sangre que brotaba, lo que le provocó un orgasmo. La mujer murió después de arrancarle la tráquea. Así lo hizo hasta en 14 ocasiones más. El mismo ‘modus operandi’, durante siete años y sólamente en los meses de verano, cuando la gente en sus casas dormía con las ventanas abiertas, por las que se colaba el vampiro.

A finales de 1959 la policía federal y la regional se arremangaron y se pusieron a trabajar en serio para tratar de atrapar al criminal. Trazaron un mapa de los lugares donde habían ocurrido los asesinatos y todos estaban cercanos a la cueva que habitaba Florencio, por lo que desde el principio fue el principal sospechoso. Lo pusieron bajo vigilancia y cuando estaba a punto de cometer su decimosexto crimen, fue sorprendido por un dispositivo policial. Pudo huir hacia su cueva pero allí lo detuvieron el 14 de febrero de 1960. No opuso resistencia a los policías pero sí al sol, debido a su intolerancia al sol, como buen vampiro que se precie.

Florencio confesó todos los crímenes y después de realizarle pruebas psiquiátricas, fue declarado inimputable, por lo que no hubo juicio. Por orden del juez ingresó en la institución mental de San Miguel de Tucumán, donde murió por causas naturales ocho años después.







viernes, 13 de abril de 2018

AWDHAH: EL ASESINO DE YANBU


Cuesta creer que un estado como el de Arabia Saudita pueda condenar a un hombre por maltrato a su esposa e hijos y además de clase alta, pero así fue en el país saudí. Awdhah, un hombre violento tenía esos antecedentes cuando a fines de abril de 2012 fue condenado a muerte por el asesinato de tres sirvientas asiáticas.

El 8 de septiembre de 2010 despertó su furia sexual y asesina contra Halima, una criada a la que conoció tras conversar varias veces con ella por teléfono a la que fue convenciendo poco a poco para que abandonara a su patrocinador. Quedaron en un lugar de North Corniche, en la ciudad de Yanbu. La subió en su coche y la llevó a una de sus casas, abusando sexualmente de ella. Después la golpeó y la estranguló con una almohada. Después la llevó con su coche a un área arenosa de Yanbu Palm Road y la enterró.


A la segunda víctima la conoció en una área industrial de Yanbu. Vio a una mujer que estaba sentada sola en un estacionamiento. La llevó a un lugar aislado, la violó, la mató y enterró su cuerpo.

El tercer crimen lo cometió sobre una criada asiática a la que encontró cerca del puente peatonal Al Asyaly. La llevó a su casa e intentó violarla en una habitación mientras su esposa e hijos se encontraban en aquel momento en la vivienda. La mujer logró escapar. Sin embargo, él la persiguió y la apuñaló hasta darle muerte. Luego le echó benceno y la enterró en un área desierta.

Por estos crímenes, un tribunal saudita lo condenó a la pena capital por crucifixión, la cual contempla que primero se decapita al reo, para luego coserle la cabeza al cuerpo y finalmente clavarlo en la cruz.


viernes, 6 de abril de 2018

BRUNO LÜDKE: EL BRUTO DE KÖPENICK


Nacido el 3 de abril de 1908 en Köpenick, un pueblo del área de Berlín, Lüdke era un débil mental que no acabó la escuela ordinaria. Era un oligofrénico desde su nacimiento que acabó sus estudios en un centro para retrasados mentales. Desde muy joven trabajó en la lavandería de sus padres, llevando los pedidos a domicilio con un carro tirado de un caballo, al que golpeaba fuertemente, por lo que fue denunciado por sus vecinos. De ahí le vino el apodo de bruto.

Lüdke era un poco problemático, debido a su estado mental. Se quedaba parte del dinero que cobraba a los clientes de la lavandería y robaba animales de granja a los que mataba y luego los vendía en los restaurantes de la zona, por lo que en febrero de 1940 pasó unos días entre rejas aunque debido a que las leyes alemanas de la época no permitían que los disminuidos psíquicos fueran juzgados.

El 29 de enero de 1943, Frieda Rössner, una viuda de 59 años fue hallada muerta en un bosque de Köpenick, cerca de su propia casa. Apareció estrangulada con un pañuelo y le fue robado su bolso. El caso fue puesto a disposición del investigador policial KK Franz que hizo una lista de sospechosos, entre los que se encontraba Lüdke. Al ser interrogado por el policía, confesó ser el autor del crimen, y no sólo eso también confesó los asesinatos y robos de pertenencias de Käthe Mundt, Bertha Schulz, de la familia Umman y de otras mujeres más pero en ningún caso se sostenían dichos crímenes. En la reconstrucción de los hechos sobre el asesinato de Frieda Rössner, no coincidían el lugar donde afirmó el sospechoso dejar el cuerpo a donde apareció. Tampoco dio ninguna información correcta sobre los lugares donde ocurrieron los demás asesinatos y los objetos robados. Sus explicaciones eran inconexas, incoherentes y carentes de veracidad.

De los archivos policiales que se conservan sobre el caso parece más bien que las “confesiones” hechas por Lüdke obedecen no sólo a su oligofrenia sino a más bien a lo que Franz quería que confesara. Muchos de los más de cincuenta asesinatos que se le atribuyeron se repartían entre Hamburgo, Munich y Berlín. Era imposible que una persona como Lüdke pudiera haber cometido tantos asesinatos en tantas ciudades, teniendo en cuenta que no era capaz de comprar un billete de tren, y mucho menos viajar continuamente a estas ciudades sin perderse y aunque así fuese, su madre hubiera denunciado su ausencia. Además no existía “firma” alguna. Es decir, todos los crímenes no se podían relacionar, dado que el ‘modus operandi’ no respondía a una misma forma de matar en cada asesinato cometido y los motivos seguramente eran también distintos. Tampoco se encontraron huellas dactilares útiles.

Dado que el caso se correspondía en tiempo y lugar con el Tercer Reich gobernando, esta clase de crímenes no podían existir en la Alemania nazi, la mejor manera de enterrar el asunto era cargarle el muerto a un retrasado mental por lo que KK Franz pudo colgarse una medalla a costa de Lüdke, en un estado demasiado preocupado por la guerra que libraba que por estas cuestiones.

Bruno Lüdke, en virtud de la ley que lo exoneraba de ser juzgado, pasó sus últimos días en una prisión de Viena, sirviendo de conejillo de indias para experimentos científicos, siendo castrado y muriendo finalmente mientras se le practicaba un experimento, el 8 de abril de 1944, sin que se presentara ninguna prueba de cargo contra él, y dejando 51 asesinatos sin resolver en Alemania.

martes, 3 de abril de 2018

LOS ASESINOS DEL KEBAB


Cada vez que tomaban un taxi, Shirin Gul, su hijo Samiullah, de 18 años y el amante de la mujer, Rahmatullah parecerían una familia de lo más normal, aunque la realidad sería muy distinta. El singular trío familiar, una vez les llevaban a su domicilio, invitaban a lo que sería su última comida (kebab) y bebida (té), sazonados con una buena dosis de barbitúricos. De postre, una soga bien apetrada al cuello para asegurar su muerte. El objetivo: adueñarse de los vehículos para ser vendidos a lo largo y ancho de la frontera con Pakistán.

Seis hombres más participaron en los 27 asesinatos de los que fueron acusados. Al parecer, el ‘modus operandi’ no era siempre el mismo. Unas veces eran los hombres los que invitaban a los taxistas a comer y otras, era Shirin Gul quien se hacía pasar por prostituta, atrayendo a sus víctimas a la casa.

El negocio iba viento en popa hasta que el primo de Haji Mohammed Anwar, empresario de 60 años desapareció poco después de hablar con él, a quien dijo dónde iba para tratar la venta de una propiedad. No es difícil adivinar quienes eran sus peculiares clientes. Por ello, la policía lo tuvo fácil para iniciar la investigación en junio de 2004 y nada complicado para terminarla: en el jardín del trío familiar se encontraban enterrados los cuerpos de numerosos hombres, entre los que destacaba Mohammed Azam, el marido de Shirin Gul, que presuntamente era el cabecilla de la familia asesina, hasta que floreció el “amor” entre ella y Rahmatullah y tuvieron que deshacerse del patriarca, al que por lo menos le libraron de ser ejecutado por la justicia, ahorrándole de paso dicho trámite al estado, aunque pasarían luego por el cadalso el hijo, el amante y los demás hombres pertenecientes a la banda.


Shirin Gul fue también sentenciada a muerte, pero le fue conmutada la pena a 20 años de presidio por Hamid Karzai, el entonces presidente de Afganistán y tras quedarse embarazada mientras cumplía condena de un funcionario de la prisión. Las malas lenguas dicen que se quedó en estado a propósito para eludir la pena de muerte. De hecho, a día de hoy la hija, que lógicamente nació en prisión, vive junta a su madre entre rejas, ya que según la ley afgana los hijos de las prisioneras no son obligadas a salir de la cárcel si sus madres no quieren, aunque si lo desean pueden ingresar en algún orfanato.

La asesina ha cambiado de versión sobre los hechos varias veces. Al principio lo negó todo e incluso afirmaba ignorar que los cuerpos de las víctimas yacían enterrados en el jardín de su vivienda. Después aseguró ser cómplice de su amante, atribuyéndole la autoría de los crímenes y de quien afirma que le temía por su actividad criminal. También aseguró que entre ella y Rahmatullah dieron muerte a su marido debido a los maltratos y vejaciones a la que sometía continuamente. Sea como fuere y a pesar de las distintas versiones que se han dado sobre el caso, Shirin Gul es la mayor protagonista de toda esta historia a quien la apodan ‘la asesina del kebab’, quizás por ser mujer en un país sumamente machista, por ser la única persona convicta que sigue con vida, por ser la mujer condenada por asesinato más famosa del país o quien sabe, si por todas estas razones a la vez, aunque para ser justos el protagonismo hay que repartirlo entre todos los miembros de esta organización criminal y llamarlos los asesinos del kebab.



viernes, 23 de marzo de 2018

CARLTON GARY: EL ESTRANGULADOR DE LAS MEDIAS

Carlton Gary nació el 24 de septiembre de 1950 en Columbus (Georgia). Povenía de una familia muy pobre y desestructurada. Gary solamente vio a su padre una vez, cuando tenía doce años. Solía quedarse con sus tías la mayor parte del tiempo.
En su infancia, Gary se lesionó gravemente en la cabeza cuando cursaba la escuela primaria, tras un accidente en el recreo. Su adolescencia estuvo marcada por el consumo de drogas y el inicio de su particular carrera criminal. Entre las edades de 14 y 18 años, fue arrestado varias veces por robo, incendio premeditado y asalto.
Durante ese tiempo, también se casó con una mujer llamada Sheila, y tuvo dos hijos. En 1970, se mudó a Albany, Nueva York, donde tenía planes de convertirse en cantante, pero continuó con sus actividades delictivas, agravándose a partir de 1969 cuando presuntamente violó y asesinó a una mujer. Por aquél entonces fue condenado a tan sólo cinco años de prisión, por la imputación solamente de robo, cargándole el muerto a un cómplice.

En 1977 fue condenado por robar a una mujer, otra vez, aunque también, como en el anterior caso sufrió de violación y una tentativa de asesinato. Cuando Carlton estaba cumpliendo condena por ello, escapó de la prisión donde estaba recluido y huyó a su ciudad, Columbus, en Georgia. Mientras, aprovechó para cometer una serie de violaciones y asesinatos en serie. Desde el 11 de septiembre de 1977 y el 20 de abril de 1978, el instinto criminal de Gary se destapó por completo y asaltó presuntamente a nueve mujeres en sus propias casas. A siete de ellas les dio muerte con sus propias medias, estrangulándolas. Fue su ‘modus operandi’. Tenían entre 59 y 89 años de edad. Después, dejó de matar en Georgia. Se trasladó a Carolina del Sur, y un tiempo después fue detenido por atraco y pasó un tiempo entre rejas.

No fue hasta 1984 que la policía de Columbus relacionó a Carlton Gary con los asesinatos cometidos en 1977, tras el hallazgo de una pistola robada en 1977 cerca del lugar donde se cometió uno de los asesinatos y que poseía uno de los familiares del criminal. Las huellas dactilares que se descubrieron en el arma coincidían con las que se hallaron en las viviendas de tres de las mujeres asesinadas. Poco después, el ADN de Gary encontrado en el cuerpo de una mujer que fue agredida sexualmente y asesinada en Nueva York en 1975, le inculpaba en la que sería su cuarta víctima oficial y novena presunta.

En 1984 fue detenido en un motel de Albany (Georgia) y en 1986 fue condenado a pena de muerte, que se ejecutó el jueves 15 de marzo de 2018 a las 22:33 hora local, por inyección letal. El reo tenía 67 años de edad y lejos de arrepentirse por los crímenes cometidos, siempre alegó que había sido condenado por un montaje orquestado por la policía y la fiscalía, incluso rechazó la posibilidad de elegir menú en su última cena y pronunciar sus últimas palabras antes de ser ejecutado.

Fuentes:

Greig, Charlotte (2005). Evil Serial Killers: In the Minds of Monsters. New York: Barnes & Noble. p. 162.
http://www.elnuevoherald.com/noticias/estados-unidos/article205460719.html


miércoles, 21 de marzo de 2018

EVGENIY CHUPLINSKY: EL MANÍACO DE NOVOSIBIRSK


Chuplinsky coincide con su paisano Mijail Popkov en ser los dos asesinos en serie de mujeres en la misma región de Siberia, aunque en ciudades distintas. Mientras Popkov asesinaba y violaba en Irkutsk, Chuplinsky mataba a unos 1800 km más al oeste, en Novosibirsk, la capital de la Región Federal de Siberia. Además, los dos eran policías y coincidieron en el tiempo de algunos de los crímenes, del año 1998 al 2000.

En la última década del siglo XX, Chuplinsky era policía de un departamento de seguridad en el que tenía bastante trato con prostitutas, con las que mantenía relaciones sexuales frecuentemente. No contento con ello, a muchas de ellas las asesinaba después, marcando un pentagrama en los rostros y dejando extraños amuletos junto a los cuerpos que descuartizaba para dificultar su identificación, a los que además les extraía el corazón, todo ello quizás para despistar a los investigadores.

Entre 1998 y 2005, Chuplinsky mató a 19 mujeres de entre 18 y 31 años. Contactaba con ellas en las calles de Novosibirsk. Las llevaba a lugares apartados como zonas boscosas o basureros y allí mantenía relaciones sexuales, las asesinaba, mutilaba y colocaba sus cabezas en bolsas o sus propias capuchas. Después de desmembrar sus cuerpos, los dejaba en diferentes lugares de la ciudad.
Foto: Alexander Kryazhev / Ria Novosti
Después de retirarse como policía, trabajó como taxista y constructor y siguió matando. En 2006 fue detenido tras ser acusado por un asesinato aunque no se pudo demostrar su autoría. Diez años después fue arrestado y esta vez se pudieron reunir pruebas que demostraron su culpabilidad.

Si bien se le achacan 19 asesinatos, se sospecha que pudo cometer más y que tras su primera detención pudiera haber sido más cauteloso y enterrar los cadáveres, según la abogada  acusadora.

El 6 de marzo de 2018 fue declarado culpable por un tribunal de Novosibirsk, después de que los psiquiatras forenses certificaran que tiene una atracción irresistible hacia los homicidios y una compulsión hacia el necrosadismo, sin embargo es penalmente imputable ya que es consciente de sus actos, y es por ello que fue condenado a cadena perpetua, otra coincidencia más con su colega Popkov, con la diferencia que Evgeniy Chuplinsky, no confesó los crímenes.


lunes, 19 de febrero de 2018

IVO POPPE: EL DIÁCONO DE LA MUERTE


Ivo Poppe, de 61 años de edad y que sufre de cáncer de próstata, fue sentenciado por un tribunal de Brujas a 27 años de cárcel por el asesinato de cinco ancianos, entre ellas su suegro y su propia madre. Se valió de sus profesiones de enfermero y diácono de la iglesia católica después para matar, según él para evitar sufrimiento a sus víctimas, la típica excusa de este tipo de asesinos, denominados ángeles de la muerte, dada su dedicación profesional como cuidadores para satisfacer sus deseos criminales.

Los crímenes comenzaron hace años en una clínica de la pequeña ciudad belga de Menen, donde trabajaba Poppe. La primera víctima del entonces enfermero fue Maurice Vanhaverbeke, de 79 años de edad, cuando en el lejano mes de septiembre de 1978, Poppe la ahogó con una almohada. El siguiente en pasar por la güadaña del sanitario fue otro anciano, Leo Vanhaverbeke, de 81 años, el 17 de mayo de 1986; en esta ocasión utilizó un medio más sofisticado: inyectarle aire en las venas a través de un catéter. Si estos crímenes ya son de por sí horribles, mayor agravante es que este matrimonio de ancianos eran parientes de su verdugo.

La siguiente víctima conocida fue Marguerite Blondeel, de 84 años, en marzo de 1996, que curiosamente confesó Poppe a los investigadores pero que fue absuelto por esta causa. También confesó el crimen de Irma Parmentier, de 74 años, ocurrido en diciembre de 1993; el de su suegro en Gerard Vercaemer (80) en abril de 2004 y el de su propia madre Ivonna Vanhaverbeke (90), que fue la última víctima el 27 de enero de 2011. Todos estos asesinatos los cometería siendo ya diácono de la iglesia católica y en el hospital Sint-Joris de Menen.

Todos los crímenes los confesó a su psiquiatra, al que acudía por unos problemas de stress laboral. El facultativo no dudó en advertir a la policía de dichas confesiones, por lo que fue detenido en 2014, confesando el asesino de un total de 10 ancianos, pudiéndose demostrar tan sólo la mitad de ellos.

Finalmente, el 1 de febrero de 2018 fue condenado a solamente 27 años de prisión, alegando el tribunal su pobre estado de salud y sus difíciles años de infancia.

viernes, 26 de enero de 2018

MASACRES ESTUDIANTILES XII: LA MASACRE DE LA UNIVERSIDAD DE FULLERTON

Armado con un rifle semiautomático, calibre 22 que había adquirido poco antes en Buena Park Kmart, Edward, conserje de la biblioteca en la Universidad de Fullerton se dirigió hacia el sótano del edificio. Bajando por las escaleras fue en busca de víctimas. La caza sobre colegas, profesores, técnicos…daba igual, no iba a por nadie en concreto pero a por todos a la vez. A algunos les perdonó la vida, a otros los ejecutó. Persiguió por un pasillo estrecho y sin ventanas a dos conserjes, Debbie Paulsen y Donald Karges, disparándoles. El siguiente fue Bruce Jacobson, un técnico de sonido. Al profesor Seth Fessenden y al fotógrafo Paul F. Herzberg, les disparó también cuando huían tratando de entrar en un ascensor que tomó él, no sin antes enfrentarse con su jefe, Maynard Hoffman al que hirió. Al subir a la primera planta, se encontró con una estudiante apoyada en una pared, a quien ignoró. En cambio, entró en la sala de artes gráficas, golpeando al artista Frank Teplansky por dos veces, en la espalda y la cabeza. Después disparó a Stephen Becker, auxiliar de biblioteca e hijo de Ernest Becker -uno de los fundadores de la universidad- y a Donald Keran quienes intentaron quitarle el rifle. El propio Stephen Becker recibió un disparo que lo mató en el acto mientras perseguía al asesino en su huída. Acto seguido el chasquido del percutor anunciaba que el rifle se había quedado sin munición. Salió corriendo, tomó su coche y se dirigió hacia el hotel donde trabajaba la que era aún su esposa. Llamó a la policía y anunció lo que había hecho. Pidió que vinieran a detenerle. El resultado: siete muertos y dos heridos.


Antecendentes violentos

Edward Charles Allaway, nació en 1939 en Michigan. Al entrar en la adultez comenzó a presentar síntomas de inestabilidad mental al intentar suicidarse, por lo que ingresó en un hospital psiquiátrico donde recibió terapia. Más tarde tuvo conflictos en la fábrica Chrysler donde trabajaba como operario, cuando a un compañero le golpeó contra una maquinaria.

A principios de 1973, su primera esposa se divorció de él. Edward creía que su esposa le engañaba con otros hombres y que posaba para sesiones de fotos pornográficas. Más tarde, le diagnosticaron esquizofrenia paranoide.

En 1976, instalado en el condado de Orange (California), se casó de nuevo y un mes y medio antes de cometer los crímenes en la Universidad de Fullerton, su mujer se divorció de él por amenazarla con un cortaplumas ya que creía que le engañaba. Edward estaba convencido que los hombres que trabajaban con él en la universidad realizaban películas pornográficas con su esposa.


Juicio, consecuencias y privación de libertad

En 1977 se celebró el juicio y fue declarado culpable por un jurado, aunque el juez, en la segunda fase del juicio inimputable dado su estado mental, por lo que fue ingresado en un hospital psiquiátrico. Poco después del juicio, la hermana de Allaway se suicidó pegándose un tiro en el corazón.

En 1998, Edward Allaway con el apoyo de los psiquiátricos que le trataban solicitó la libertad con tratamiento ambulatorio. Los familiares de las víctimas se mostraron en contra y la solicitud fue denegada. Tambén en 2001 los médicos recomendaron su liberación pero nuevamente le fue denegada.

Desde 2010 permanece ingresado en el Patton State Hospital.



lunes, 22 de enero de 2018

ANTHONY SHORE: EL ASESINO DEL TORNIQUETE. PRIMER EJECUTADO DEL 2018 EN ESTADOS UNIDOS

Fue apodado como el ‘asesino del torniquete’ por la policía debido a la forma en que ejecutó a sus víctimas, y es que Anthony Shore se valió de este elemento fabricado por él mismo con cuerdas de nylon y varas de bambú para torturar y asesinar a cuatro chicas jóvenes en el área metropolitana de Houston, a las que tras rodear sus cuellos con las cuerdas, apretaba con las varas para darles muerte, después de agredirlas sexualmente.

El primer crimen lo cometió en 1986. Violó y asesinó a la adolescente de 15 años, Laurie Tremblay, cuyo cuerpo apareció junto las basuras en la puerta de un restaurante. Hizo lo mismo con otras tres víctimas. La segunda, María del Carmen Estrada, de 21 años, en 1992. El siguiente crimen lo cometió sobre una niña de tan sólo 9 años en 1994, de nombre Dana Rebollar que fue secuestrada mientras se dirigía andando a una tienda de comestibles. El cuarto en 1995, otra adolescente de 16 años llamada Dana Sánchez, fue asaltada mientras hacía autoestop.

En 1998, Shore cumplió condena por el abuso sexual sobre sus dos hijas, por lo que tuvo que dar muestras de su ADN. Escapó de la justicia tras quedar en libertad condicional, y no fue hasta 2003 que fue arrestado por el crimen de María del Carmen Estrada. En su día, se encontraron muestras del acusado en el cuerpo de la joven, por lo que gracias al ADN se le pudo condenar. Tras su arresto, confesó haber violado y asesinado a las demás víctimas, en las que también se encontraron restos de ADN del acusado.
Anthony Shore. Texas Department of Criminal Justice
En 2004 fue sentenciado a muerte. De nada sirvieron las alegaciones de la defensa, en las que aseguraban que el asesino sufría daños cerebrales desde la infancia, tras sufrir un accidente automovilístico –datos que no se pudieron probar-. Tampoco le sirvieron las diversas apelaciones y peticiones de clemencia por parte de sus abogados.

El 18 de octubre de 2017 estaba programada su ejecución pero se aplazó al encontrarse unas notas manuscritas, fotos y diverso material relacionado con el crimen de la adolescente Melissa Trotter, asesinada en 1998, por el que esperaba una sentencia de muerte otro convicto, Larry Swearingen que debía ser ejecutada el 18 de noviembre.

Tras comprobar que no había ningún vínculo entre Shore y el asesinato de Melissa Trotter, finalmente fue ejecutado el 18 de enero de 2018 a las 18:15 horas, por inyección letal en la cárcel de Huntsville, Texas. A las 18:28 horas, se certificó su muerte. En sus últimas palabras pidió perdón a las familias de las víctimas.




martes, 16 de enero de 2018

WILLIAM DATHAN HOLBERT: WILD BILL, EL ASESINO DE BOCAS DEL TORO

No se sabe con certeza el motivo por el cual la provincia panameña de Bocas del Toro fue bautizada así. Algunos lugareños afirman que se debe al nombre del último cacique que habitó la región, ‘Boka Toro’, un luchador de carácter temperamental. Otros, sin embargo apuntan a la denominación que hizo Cristóbal Colón del lugar cuando llegó en 1502 y divisar un peñasco, el cual tiene la forma de un “toro acostado con la boca abierta”. Otra acepción es que el ruido que surge del golpeo de las olas sobre los peñascos se asemejan al bramido de un toro enfurecido.

Sea como fuere, esta zona costera paradisiaca y tranquila es elegida por algunos estadounidenses adinerados para invertir y como no, para descansar pero el descanso fue perturbado durante dos años y medio no por un toro, sino por una bestia humana, apodada como ‘salvaje Bill’ que eligió esa zona para cometer sus crímenes. ¿Qué mejor lugar para matar y apoderarse de los bienes de sus víctimas y no ser descubierto que un lugar perdido en la costa panameña?
William Holbert y Laura Reese
A finales de 2007 el ‘salvaje Bill’ puso rumbo a Panamá junto a su esposa Laura Michelle Reese, huyendo de la justicia estadounidense. Por lo visto, William vendió presuntamente una propiedad de la que no era el titular en Carolina del Norte, del robo de un vehículo y usar nombres falsos para evitar a las autoridades en un total de seis estados.

A su llegada al país centroamericano, tanto él como su esposa cambiaron sus nombres –William Cortez y Jane Cortez-  y se pusieron manos a la obra, al acecho de ricos empresarios paisanos suyos para hacer “negocios”, dispuestos a “comprar” propiedades.
En diciembre de 2007 la pareja criminal vio un anuncio en el que se vendía una finca. Contactó con el propietario, Michael Brown quien se ofreció a hospedar al falso matrimonio Cortez.por unos días. Brown convivía con su esposa y su hijo de 18 años. Una vez ganada su confianza y sacarles la información que le interesaba (dinero en efectivo y depósitos bancarios) los mató uno por uno, el mismo día, en momentos diferentes, de un tiro en la cabeza y con alevosía. El mismo ‘salvaje Bill’ hizo el esfuerzo de cavar las tumbas en la propiedad. Después de enterrar los cuerpos, la finca pasó a llamarse ‘Hacienda Cortez’ y para no levantar sospechas a los vecinos del lugar les hizo saber que los Brown le habían vendido la propiedad y se habían marchado al extranjero.

La cuarta víctima

Bo Icelar, de 58 años de edad tenía dos fincas en Aguacate, el mismo término municipal donde se ubicaba ‘Hacienda Cortez’. Las propiedades figuraban a nombre de la sociedad Iguana Limited Corporation.

Un día de marzo de 2009, el ‘salvaje Bill’ contactó con él para hacerse con una de las fincas. En la residencia habitual, mientras negociaban el precio, Bo corrió la misma suerte que los Brown. A traición, el asesino le disparó en la nuca. Después de eso, cavó una fosa y lo enterró. Seguidamente se apoderó de las escrituras de la propiedad.

La quinta y última víctima

William Holbert y su esposa estaban desatados. Se habían integrado completamente al lugar y a sus gentes, incluso organizaban fiestas en ‘Hacienda Cortez’. Habían entablado amistad con varias personas, entre ellas con Cheryl Hugues, quien le había confesado a Bill que se sentía muy deprimida, ya que su marido tenía una amante y ella quería vender el hotel que regentaba e irse de Bocas del Toro y, como no podía ser de otro modo, al ‘salvaje Bill’ se le dibujaron el símbolo del dólar en sus pupilas, por lo que una noche de abril de 2010 invitó a su amiga a cenar en ‘su’ finca, aprovechando que Laura se encontraba de viaje. Organizó el banquete –sepultura incluida- y después de la velada, con sangre fría y alevosía la mató con el mismo ‘modus operandi’ que las anteriores víctimas, de un tiro en la nuca. Tras enterrar el cuerpo, se hizo con su teléfono móvil y mandó el siguiente mensaje a sus contactos: “Me voy a otro país en velero”.

Y como no, se hizo con el hotel y los bienes de Cheryl. Para celebrarlo se fue con la Sra. Cortez de vacaciones al fresco de las montañas en Boquete, pero allí, en su descanso recibió la llamada de un amigo advirtiéndole de que la policía le buscaba.
Finca robada a Cheryl Hugues


Denuncia, juicio y sentencia

El 12 de julio de 2010, Keith Martin, presentó una denuncia ante la policía por la desaparición de su esposa, Cheryl Hugues. Hacía meses que no sabía nada de ella y sospechaba que William Holbert tenía algo que ver.
Los investigadores encontraron el cuerpo de Cheryl enterrado en la finca de ‘Hacienda Cortez’. Rápidamente cursaron una orden internacional de búsqueda y captura.
A finales de julio de 2010 los ‘Señores’ Cortez fueron detenidos en la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, confesando Holbert todos los crímenes con pelos y señales.
En julio de 2017 tuvo lugar el juicio y el 14 de agosto se hizo pública la sentencia, en la que William Holbert fue condenado a 47 años y un mes de prisión y su esposa Laura Reese a 26 años y 4 meses por complicidad.