A SANGRE FRÍA: abril 2018

viernes, 27 de abril de 2018

JOSEPH JAMES DEANGELO: EL PRESUNTO ASESINO DEL ESTADO DORADO

Más de cuatro décadas después de cometer presuntamente 12 asesinatos, 45 violaciones y más de 120 robos en residencias, la policía del condado de Sacramento detuvo el martes 24 de abril a Joseph James DeAngelo, de 72 años de edad, acusado de todos los delitos mencionados, cometidos entre 1976 y 1986.
En estos más de cuarenta años, el presunto asesino, ladrón y violador ha sido bautizado con numerosos alias como “original night stalker” (primer acosador nocturno), “the East Area rapist” (el violador de la Zona Este) y “the Golden State killer (el asesino del Estado Dorado), cometiendo sus actos criminales por diferentes poblaciones y condados de California. Comenzó en el área de Sacramento para más tarde trasladarse al sur del estado, concretamente en los condados de Oakland, Santa Bárbara y Orange.

Muchos de los asesinatos fueron cometidos tras asaltar las viviendas de sus víctimas. Algunas fueron muertas a golpes, otras tiroteadas, o también de las dos formas. Muchas mujeres fueron violadas, después las maniataba, bocabajo en las camas, incluso a veces les colocaba una taza en la espalda a modo de aviso, por si sobrevivían e intentaban liberarse mientras él se encontraba en otra habitación de la casa.

El caso no quedó en el olvido, a pesar de que el último crimen ocurrió en 1986, fue clave la obtención de ADN del acusado al desechar un objeto, quien desde hacía un tiempo estaba siendo vigilado por la policía al convertirse en el principal sospechoso.

Según información de la policía de Sacramento, el presunto criminal había sido policía entre 1973 y 1979 y despedido del cuerpo tras cometer varios hurtos. Es muy probable que cometiera algunos de los crímenes que se le imputan mientras era oficial en Auburn.



Fuentes:
http://www.hoylosangeles.com/latimesespanol/la-es-despues-de-decadas-de-busqueda-arrestan-al-sospechoso-de-ser-el-asesino-en-serie-mas-letal-de-califo-20180425-story.html
https://www.nbcnews.com/news/us-news/golden-state-killer-case-ex-cop-arrested-serial-murder-rape-n868936

martes, 17 de abril de 2018

FLORENCIO ROQUE FERNÁNDEZ: EL VAMPIRO DE MONTEROS


Si hay algún asesino que haya sido lo más parecido y cercano posible a un vampiro, ese ha sido Florencio Fernández. Un asesino serial argentino que por su ‘modus operandi’ bien podría haber pasado como un Drácula cien por cien real. De hecho, él se creía ser realmente un ‘chupasangre’. Era un enfermo mental, un esquizofrénico que además poseía una parafilia hacia la sangre; para acabar de adornarlo sufría también de fotofobia. Si todo ello no es ser un Drácula, que resucite Bram Stoker y lo vea.

Nació en el seno de una familia muy pobre, en 1935. Desde muy joven y debido a su enfermedad mental ya diagnosticada, Florencio vivía en las calles de su ciudad natal, Monteros, provincia de Tucumán, en Argentina, debido al abandono de su familia. Vivía en una cueva, a las afueras de la ciudad.

Los crímenes se iniciaron en 1953, cuando Florencio contaba 18 años. Comenzó a vigilar a una mujer. Cuando se aseguró de que estaba sóla en casa, una noche se adentró por la ventana y con un garrote la golpeó. Luego de dejarla inconsciente, la mordió en el cuello tan fuerte que le arrancó un trozo de carne y succiono la sangre que brotaba, lo que le provocó un orgasmo. La mujer murió después de arrancarle la tráquea. Así lo hizo hasta en 14 ocasiones más. El mismo ‘modus operandi’, durante siete años y sólamente en los meses de verano, cuando la gente en sus casas dormía con las ventanas abiertas, por las que se colaba el vampiro.

A finales de 1959 la policía federal y la regional se arremangaron y se pusieron a trabajar en serio para tratar de atrapar al criminal. Trazaron un mapa de los lugares donde habían ocurrido los asesinatos y todos estaban cercanos a la cueva que habitaba Florencio, por lo que desde el principio fue el principal sospechoso. Lo pusieron bajo vigilancia y cuando estaba a punto de cometer su decimosexto crimen, fue sorprendido por un dispositivo policial. Pudo huir hacia su cueva pero allí lo detuvieron el 14 de febrero de 1960. No opuso resistencia a los policías pero sí al sol, debido a su intolerancia al sol, como buen vampiro que se precie.

Florencio confesó todos los crímenes y después de realizarle pruebas psiquiátricas, fue declarado inimputable, por lo que no hubo juicio. Por orden del juez ingresó en la institución mental de San Miguel de Tucumán, donde murió por causas naturales ocho años después.







viernes, 13 de abril de 2018

AWDHAH: EL ASESINO DE YANBU


Cuesta creer que un estado como el de Arabia Saudita pueda condenar a un hombre por maltrato a su esposa e hijos y además de clase alta, pero así fue en el país saudí. Awdhah, un hombre violento tenía esos antecedentes cuando a fines de abril de 2012 fue condenado a muerte por el asesinato de tres sirvientas asiáticas.

El 8 de septiembre de 2010 despertó su furia sexual y asesina contra Halima, una criada a la que conoció tras conversar varias veces con ella por teléfono a la que fue convenciendo poco a poco para que abandonara a su patrocinador. Quedaron en un lugar de North Corniche, en la ciudad de Yanbu. La subió en su coche y la llevó a una de sus casas, abusando sexualmente de ella. Después la golpeó y la estranguló con una almohada. Después la llevó con su coche a un área arenosa de Yanbu Palm Road y la enterró.


A la segunda víctima la conoció en una área industrial de Yanbu. Vio a una mujer que estaba sentada sola en un estacionamiento. La llevó a un lugar aislado, la violó, la mató y enterró su cuerpo.

El tercer crimen lo cometió sobre una criada asiática a la que encontró cerca del puente peatonal Al Asyaly. La llevó a su casa e intentó violarla en una habitación mientras su esposa e hijos se encontraban en aquel momento en la vivienda. La mujer logró escapar. Sin embargo, él la persiguió y la apuñaló hasta darle muerte. Luego le echó benceno y la enterró en un área desierta.

Por estos crímenes, un tribunal saudita lo condenó a la pena capital por crucifixión, la cual contempla que primero se decapita al reo, para luego coserle la cabeza al cuerpo y finalmente clavarlo en la cruz.


viernes, 6 de abril de 2018

BRUNO LÜDKE: EL BRUTO DE KÖPENICK


Nacido el 3 de abril de 1908 en Köpenick, un pueblo del área de Berlín, Lüdke era un débil mental que no acabó la escuela ordinaria. Era un oligofrénico desde su nacimiento que acabó sus estudios en un centro para retrasados mentales. Desde muy joven trabajó en la lavandería de sus padres, llevando los pedidos a domicilio con un carro tirado de un caballo, al que golpeaba fuertemente, por lo que fue denunciado por sus vecinos. De ahí le vino el apodo de bruto.

Lüdke era un poco problemático, debido a su estado mental. Se quedaba parte del dinero que cobraba a los clientes de la lavandería y robaba animales de granja a los que mataba y luego los vendía en los restaurantes de la zona, por lo que en febrero de 1940 pasó unos días entre rejas aunque debido a que las leyes alemanas de la época no permitían que los disminuidos psíquicos fueran juzgados.

El 29 de enero de 1943, Frieda Rössner, una viuda de 59 años fue hallada muerta en un bosque de Köpenick, cerca de su propia casa. Apareció estrangulada con un pañuelo y le fue robado su bolso. El caso fue puesto a disposición del investigador policial KK Franz que hizo una lista de sospechosos, entre los que se encontraba Lüdke. Al ser interrogado por el policía, confesó ser el autor del crimen, y no sólo eso también confesó los asesinatos y robos de pertenencias de Käthe Mundt, Bertha Schulz, de la familia Umman y de otras mujeres más pero en ningún caso se sostenían dichos crímenes. En la reconstrucción de los hechos sobre el asesinato de Frieda Rössner, no coincidían el lugar donde afirmó el sospechoso dejar el cuerpo a donde apareció. Tampoco dio ninguna información correcta sobre los lugares donde ocurrieron los demás asesinatos y los objetos robados. Sus explicaciones eran inconexas, incoherentes y carentes de veracidad.

De los archivos policiales que se conservan sobre el caso parece más bien que las “confesiones” hechas por Lüdke obedecen no sólo a su oligofrenia sino a más bien a lo que Franz quería que confesara. Muchos de los más de cincuenta asesinatos que se le atribuyeron se repartían entre Hamburgo, Munich y Berlín. Era imposible que una persona como Lüdke pudiera haber cometido tantos asesinatos en tantas ciudades, teniendo en cuenta que no era capaz de comprar un billete de tren, y mucho menos viajar continuamente a estas ciudades sin perderse y aunque así fuese, su madre hubiera denunciado su ausencia. Además no existía “firma” alguna. Es decir, todos los crímenes no se podían relacionar, dado que el ‘modus operandi’ no respondía a una misma forma de matar en cada asesinato cometido y los motivos seguramente eran también distintos. Tampoco se encontraron huellas dactilares útiles.

Dado que el caso se correspondía en tiempo y lugar con el Tercer Reich gobernando, esta clase de crímenes no podían existir en la Alemania nazi, la mejor manera de enterrar el asunto era cargarle el muerto a un retrasado mental por lo que KK Franz pudo colgarse una medalla a costa de Lüdke, en un estado demasiado preocupado por la guerra que libraba que por estas cuestiones.

Bruno Lüdke, en virtud de la ley que lo exoneraba de ser juzgado, pasó sus últimos días en una prisión de Viena, sirviendo de conejillo de indias para experimentos científicos, siendo castrado y muriendo finalmente mientras se le practicaba un experimento, el 8 de abril de 1944, sin que se presentara ninguna prueba de cargo contra él, y dejando 51 asesinatos sin resolver en Alemania.

martes, 3 de abril de 2018

LOS ASESINOS DEL KEBAB


Cada vez que tomaban un taxi, Shirin Gul, su hijo Samiullah, de 18 años y el amante de la mujer, Rahmatullah parecerían una familia de lo más normal, aunque la realidad sería muy distinta. El singular trío familiar, una vez les llevaban a su domicilio, invitaban a lo que sería su última comida (kebab) y bebida (té), sazonados con una buena dosis de barbitúricos. De postre, una soga bien apetrada al cuello para asegurar su muerte. El objetivo: adueñarse de los vehículos para ser vendidos a lo largo y ancho de la frontera con Pakistán.

Seis hombres más participaron en los 27 asesinatos de los que fueron acusados. Al parecer, el ‘modus operandi’ no era siempre el mismo. Unas veces eran los hombres los que invitaban a los taxistas a comer y otras, era Shirin Gul quien se hacía pasar por prostituta, atrayendo a sus víctimas a la casa.

El negocio iba viento en popa hasta que el primo de Haji Mohammed Anwar, empresario de 60 años desapareció poco después de hablar con él, a quien dijo dónde iba para tratar la venta de una propiedad. No es difícil adivinar quienes eran sus peculiares clientes. Por ello, la policía lo tuvo fácil para iniciar la investigación en junio de 2004 y nada complicado para terminarla: en el jardín del trío familiar se encontraban enterrados los cuerpos de numerosos hombres, entre los que destacaba Mohammed Azam, el marido de Shirin Gul, que presuntamente era el cabecilla de la familia asesina, hasta que floreció el “amor” entre ella y Rahmatullah y tuvieron que deshacerse del patriarca, al que por lo menos le libraron de ser ejecutado por la justicia, ahorrándole de paso dicho trámite al estado, aunque pasarían luego por el cadalso el hijo, el amante y los demás hombres pertenecientes a la banda.


Shirin Gul fue también sentenciada a muerte, pero le fue conmutada la pena a 20 años de presidio por Hamid Karzai, el entonces presidente de Afganistán y tras quedarse embarazada mientras cumplía condena de un funcionario de la prisión. Las malas lenguas dicen que se quedó en estado a propósito para eludir la pena de muerte. De hecho, a día de hoy la hija, que lógicamente nació en prisión, vive junta a su madre entre rejas, ya que según la ley afgana los hijos de las prisioneras no son obligadas a salir de la cárcel si sus madres no quieren, aunque si lo desean pueden ingresar en algún orfanato.

La asesina ha cambiado de versión sobre los hechos varias veces. Al principio lo negó todo e incluso afirmaba ignorar que los cuerpos de las víctimas yacían enterrados en el jardín de su vivienda. Después aseguró ser cómplice de su amante, atribuyéndole la autoría de los crímenes y de quien afirma que le temía por su actividad criminal. También aseguró que entre ella y Rahmatullah dieron muerte a su marido debido a los maltratos y vejaciones a la que sometía continuamente. Sea como fuere y a pesar de las distintas versiones que se han dado sobre el caso, Shirin Gul es la mayor protagonista de toda esta historia a quien la apodan ‘la asesina del kebab’, quizás por ser mujer en un país sumamente machista, por ser la única persona convicta que sigue con vida, por ser la mujer condenada por asesinato más famosa del país o quien sabe, si por todas estas razones a la vez, aunque para ser justos el protagonismo hay que repartirlo entre todos los miembros de esta organización criminal y llamarlos los asesinos del kebab.