A SANGRE FRÍA: julio 2018

lunes, 30 de julio de 2018

EGEDIUS SCHIFFER: EL ESTRANGULADOR DE AACHEN


El ‘modus operandi’ de este asesino serial alemán fue siempre el mismo: con su vehículo recogía a chicas cuando salían de las discotecas, algunas de las cuales hacían auto-stop, para luego abusar de ellas sexualmente y asesinarlas.

La primera víctima fue Marion G., de 18 años de edad. Una madrugada veraniega del mes de julio de 1983, subió al vehículo de Schiffer en una parada de bus de Alsdorf. La chica, luchó con todas sus fuerzas, evitando la violación pero no su asesinato. Fue estrangulada, desnudada y arrojada a un estanque.

Un día frío de febrero de 1984, la adolescente de 15 años de edad Andrea W. se encontraba haciendo auto-stop después de salir de una discoteca en Würselen. Subió al coche de Schiffer. Fue violada y estrangulada. Su cuerpo fue encontrado en un camino rural.

31 de agosto de 1984. En la carretera B-221, cerca de Geilenkirchen. Angelika S., de 17 años de edad sube a un coche después de pasar un buen rato en una discoteca cercana. El cuerpo de la joven, vestido únicamente con un sujetador y medias, fue descubierto en un bosque.
Una noche de diciembre de 1985, Marion L., de 18 años, fue secuestrada, violada y asesinada en Aachen. Como las anteriores víctimas, subió al coche de Schiffer. Durante una hora, su captor estuvo conduciendo el vehículo con ella en el maletero hasta que encontró un lugar rural y solitario donde dejar el cuerpo desnudo y cubierto de hojas.

Cuatro años y medio después, el 16 de junio de 1990, Sabine N. Esta vez, al parecer la mujer de 31 años no subió voluntariamente al vehículo de Schiffer, tal y como hicieron las anteriores víctimas, sino que se dirigía andando hacia su casa, después de pasar un rato en el club “Inside”. Fue arrastrada contra su voluntad al vehículo de su asesino. Después, fue violada y estrangulada. Su cadáver fue encontrado un año después en un bosque cerca de Wegberg. Fue identificada, gracias a su dentadura.

Pero no fue hasta casi 17 años después de cometer el último crimen que fue arrestado por la policía, mientras recogía chatarra. Voluntariamente se prestó a dar muestras del ADN, que confirmaron la autoría de Egedius Schiffer en los asesinatos de las cinco mujeres, después de que coincidieran los restos biológicos en los cuerpos de las víctimas. Fue condenado a cadena perpetua.

El 22 de julio de 2018, el asesino que contaba con 62 años de edad, fue encontrado muerto en su celda de la prisión de Bochum. Conectó el cable de una lámpara a la red eléctrica, y éste a sus pezones y órganos genitales en una práctica sadomasoquista, lo que le costó la vida.

martes, 24 de julio de 2018

MASACRES ESTUDIANTILES (XIII): TIROTEO EN LA ESCUELA DE EPPSTEIN


Karel Charva buscaba una escuela donde perpetrar una masacre. Por la mañana temprano alquiló una furgoneta Volkswagen. Se supone que escogió la escuela de secundaria Freiherr-vom-Stein de Eppstein al azar. Para ello iba armado con dos pistolas semiautomáticas Smith & Wesson y Astra, con mucha munición.

A las 10:45 del 3 de junio de 1983, estacionó el vehículo en la entrada del instituto, entró en el recinto y se dirigió al aula donde el profesor Franz-Adolf Gehlhaar impartía una clase de inglés y disparó al maestro, quien se enfrentó a Charva y le rogó que no disparara a los chicos. Tras descerrajarle siete disparos y golpear su cuerpo en diversas ocasiones, comenzó a disparar sobre los alumnos, matando a tres e hiriendo a otros trece. Alarmado por los disparos, un maestro que impartía clases en un aula contigua, se dirigió al lugar para tratar de ayudar pero fue recibido a tiros, siendo asesinado. Seguidamente, un policía que impartía clases de seguridad vial en otra aula, corrió la misma suerte que el maestro.
Karel Charva

A las 11:15 y tras una negociación fallida con las unidades de policía que acudieron a la escuela, el asesino se retiró a otra aula, frente a la  que había cometido la masacre y se suicidó pegándose un tiro en la boca. El balance criminal fue de cinco personas asesinadas, otras catorce heridas y más de treinta niños sufrieron un shock. El primer maestro en recibir los disparos, pudo salvar su vida.

Karel Charva era un refugiado checo que huyó a Alemania Occidental después de que interviniera en los incidentes de la Primavera de Praga de 1968, en la que intervino militarmente el ejército soviético. Se le otorgó el estatus de refugiado político en 1971. Trabajó en la localidad de Darmstadt como taxista mientras estudiaba para ser maestro. En 1976 fue arrestado por aflojar las tuercas de las ruedas delanteras de dos vehículos. El motivo por el que lo hizo, no se sabe con certeza. Se sospecha que fue por algún motivo político.

En 1981 se instaló en Frankfurt, donde trabajó como guardia de seguridad. Sus vecinos lo recuerdan como una persona solitaria y reservada que escribía con máquina de escribir por las noches y estudiaba para convertirse en maestro. También fue socio de un club de tiro. Por ello compró de forma legal las dos pistolas con las que cometió la masacre. Varios testigos afirmaron que en las últimas semanas anteriores a los atentados se había vuelto cada vez más agresivo.

Se desconocen los motivos por los que cometió el tiroteo. Posiblemente la ira reprimida y la frustración desembocaron en un trastorno que le llevó a tan fatal desenlace.


jueves, 5 de julio de 2018

ELFRIEDE BLAUENSTEINER, LA ‘VIUDA NEGRA’ DE VIENA


Aunque fuera apodada como ‘viuda negra’, Elfriede Blauensteiner cometió su primer asesinato –presuntamente- sobre el conserje del edificio de apartamentos donde ella vivía, en 1981. Según ella tenía razones para ello porque era un ser despreciable, ya que maltrataba continuamente a su esposa e hijos, por lo que le ayudó a ‘suicidarse’.

El segundo crimen tampoco fue sobre su marido, sino a un anciano al que cuidaba, Otto Reinl, un diabético de 78 años con el que descubrió el que sería su ‘modus operandi’ en el futuro: jugando con la dosis de Euglucon -un medicamento para controlar el azúcar en sangre-, producía una muerte aparentemente natural. Pero el tercer desgraciado -ahora sí- sería su segundo marido, Rudolf Blauensteiner, quien probó la güadaña en forma de medicamento. Murió en agosto de 1992, después de estar en coma durante diez días. Una rica vecina de 84 años fue la siguiente en ser asesinada: Franziska Köberl dejó el mundo de los vivos contra natura en diciembre de 1992, no sin antes prestarle más de dos millones de chelines austriacos (unos 170.000 euros actuales).

Debido a que era una jugadora compulsiva y perdió muchísimo dinero en los casinos, comenzó a desarrollar una carrera criminal para apoderarse de las propiedades y el dinero de ancianos. Con ayuda de su abogado, quien prepararía testamentos cuya heredera fuera ella, después Elfriede les administraría el Euglucon mezclado con el antidepresivo Anafranil. Para contactar con las víctimas, se anunciaba en los periódicos en busca de hombres para compartir su vida. Una vez contactaba con ellos, lo demás era fácil, caían presas en sus telarañas, les administraba el cocktail fatal de medicamentos y cuando perdían el pulso vital nadie dudaría que la muerte no fuera natural debido a su avanzada edad, no antes de haber firmado su sentencia de muerte en forma de herencia.

La era ‘post anuncio’ había llegado y tejió una nueva telaraña para su próxima víctima: Friedrich Döcker, de 64 años. Se casaron al poco de conocerse y cambió la escritura de su propiedad para incluir a su ‘enamorada’. El destino de Friedrich estaba visto para sentencia, aunque le costó dejar este mundo ya que sobrevivió a una sobredosis de Euglucon, el 11 de junio de 1995 fallecería por una neumonía bilateral resultante de un fallo cardiovascular - esa fue la causa de la muerte, oficialmente- pero para entonces el nombre de Elfriede Blauensteiner ya volvía a aparecer en las páginas de contactos de la prensa local. Después de eso su viuda donó el cuerpo a la ciencia.



Alois Pilcher leyó en el periódico “Viuda, sesenta y cuatro...le gustaría compartir el otoño de su vida con un viudo.” Fue el (des)afortunado de entre muchos en ser seleccionado por la dueña de esas letras. En el punto de mira estaba un “casoplón” de 400.000 € actuales. Pero en esta ocasión la codicia le pudo y el procedimiento habitual fue más apresurado que en ocasiones anteriores. Una mañana, puso 70 dosis de Euglucon en el desayuno de Alois y cuando quedó inconsciente lo desnudó, lo abrigó con toallas mojadas y abrió las ventanas. El hombre desarrolló una neumonía y murió el 11 de noviembre de 1995. Pero la asesina no contaba con que antes de que apareciera ella en escena, la herencia de Alois Pilcher estaba adujicada a un sobrino suyo quien sospechó que la muerte de su tío no fue por muerte natural, por lo que consiguió que se exhumara el cadáver. Ese fue el principio del fin de la carrera criminal de Elfriede.

En el mes de febrero de 1997 se celebró el juicio por el asesinato de Alois Pilcher. Se convirtió en un circo mediático en el que relució el histrionismo de la asesina, que estaba acompañaba siempre de una cruz de oro con la que posaba delante de las cámaras. Además, mientras se encontraba en prisión escribió sus memorias y parte de esos escritos fueron publicados en un semanario austríaco.


Aunque admitió varios asesinatos en primera instancia, después se retractó, sin embargo, el 7 de marzo de 1997, el tribunal de Krems declaró su culpabilidad y fue sentenciada a cadena perpetua, que cumplió en la prisión de Schwarzau. Su abogado también fue condenado por complicidad. Al mismo tiempo, la policía siguió con sus investigaciones y tras conseguir las autopsias de Franziska Köberl y Friedrich Döcker, recibió otra sentencia adicional de cadena perpetua el 20 de abril de 2001, aunque los investigadores sospecharon de hasta un total de quince asesinatos.

El 16 de noviembre de 2003, Elfriede Martha Blauensteiner, murió en prisión, a la edad de 72 años, a causa de un tumor cerebral.