A SANGRE FRÍA: ESCUADRÓN 731

martes, 14 de agosto de 2018

ESCUADRÓN 731


Es de sobra conocido el holocausto nazi desarrollado antes y durante la Segunda Guerra Mundial, en cambio no lo es tanto el que cometió el Imperio japonés, coincidiendo en el tiempo con su aliada Alemania de la época. Éste era el Escuadrón 731, un programa desarrollado para experimentar sobre seres humanos con armas químicas y biológicas. Los muertos por estos experimentos se calculan entre 200.000 y 440.000 y un número indeterminado de heridos.

Entre 1935 y 1945, Japón en su ocupación de la región china de Manchukuo, creó su laboratorio particular en la ciudad de Harbin. Surgió al igual que los nazis, en su particular creencia de supremacía racial y además para combatir el comunismo. Sus víctimas fueron tanto militares como civiles, sobretodo de origen chino, mongol y en menor medida europeos y estadounidenses.
Complejo secreto de la Unidad 731

El impulsor de tan aterrador proyecto fue el teniente general del ejército japonés Shiro Ishii, que era también microbiólogo quien además creó las instalaciones camufladas en un grandioso complejo de 6 km2, que se disimulaban como departamentos científicos y depuradoras de aguas. Para deshumanizar a las personas con las que experimentaban las denominaban “maruta” (troncos). Una de estas atrocidades consistía en encerrar a civiles en fosas comunes infectadas de cólera, parásitos, peste bubónica, tuberculosis, fiebre tifoidea y otros elementos infecciosos para observar cómo evolucionaban en el cuerpo humano. Además liberaban pulgas infectadas y entregaban a la población alimentos que contenían bacterias de cólera, con el mismo fin. Una vez eran infectados, analizaban sus reacciones para acabar abriéndoles el cuerpo vivos, sin anestesia y extraerles algunos órganos, con la finalidad de desarrollar armas biológicas y químicas de destrucción masiva.
Teniente General Shiro Ishii
En otras experimentaciones, las víctimas eran sometidas a temperaturas muy bajas para buscar la mejor forma de congelamiento. En otras, las personas eran introducidas en cámaras para probar diferentes gases venenosos o eran disecadas en vida.

Por si esto fuera poco, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial y al ser derrotado Japón y pasar a ser aliado de Estados Unidos, estos lejos de dar a conocer tal holocausto no juzgó los hechos ya que les interesó más dar inmunidad a sus ideólogos  y perpetradores a cambio de obtener de estos información acerca de los resultados obtenidos en dichas horribles experimentaciones. Por el contrario, los soviéticos llevaron a juicio a una docena de militares japoneses del escuadrón 731, acusados de crímenes de guerra. Seis de ellos fueron condenados a prisión, con sentencias de entre 2 y 25 años. Curiosamente, los Estados Unidos calificaron estos juicios como “propaganda comunista”.

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